no la vi gritar solo la vi venir escuche el golpe sobre mi nariz un sonido tierno de un gemido eterno mis huesos rotos pedazos de este cuerpo sobre el asfalto seco se escribieron las palabras que nunca pense escuchar las sigo recordando cada vez que te veo acostada en otra cama
y me pregunto ¿donde te vi la ultima vez? en un reflejo de un espejo como narciso en el agua abrazar ese momento sumergirse en ese charco y ahogarse en el; ¡paso por mi cabeza mil veces! ¡y mil veces me repeti que no! ¡que no pasaria! ¡que no me cautivaria! ahora sin poder respirar me lamento de no tener buen equilibrio
Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor Con otro, en la vida cabina telefónica de aquel Almacén de la Tepeyac, creí que el mundo Se acababa para mí. Un tipo alto y flaco y Con el pelo largo y una verga larga que no esperó Más de una cita para penetrarla hasta el fondo. No es algo serio, dijo ella, pero es La mejor manera de sacarte de mi vida. Parménides García Saldaña tenía el pelo largo y hubiera Podido ser el amante de Lisa, pero algunos Años después supe que había muerto en una clínica psiquiátrica O que se había suicidado. Lisa ya no quería Acostarse más con perdedores. A veces sueño Con ella y la veo feliz y fría en un México Diseñado por Lovecraft. Escuchamos música (Canned Heat, uno de los grupos preferidos De Parménides García Saldaña) y luego hicimos El amor tres veces. La primera se vino dentro de mí, La segunda se vino en mi boca y la tercera, apenas un hilo De agua, un corto hilo de pescar, entre mis pechos. Y todo En dos horas, dijo Lisa. Las dos peores horas de mi vida, Dije desde el otro lado del teléfono.
Roberto Bolaño
para escuchar:
http://www.badongo.com/file/9826420
puedes ver un tema del disco aqui:
Cómo Desapareces
Cómo desapareces, cómo no estás: te busco. Mis manos desoladas te buscan, aire o fuego. Mi corazón te busca debajo de las piedras donde hay pájaros muertos, caracoles. Tú sueñas, ay, tú duermes, tú conoces el día: tú me dices adiós y adiós es ? nunca?.
Un día tomé entre mis manos tu rostro. Sobre él caía la luna. El más increíble de los objetos sumergido bajo el llanto. Como algo solícito, que existe en silencio, tenía que durar casi como una cosa. y con todo nada había en la fría noche que más infinitamente se me escapara. Oh, porque desembocamos en estos lugares, se apresuran hacia la pequeña superficie todas las ondas de nuestro corazón, voluptuosidad y desfallecimiento, y al fin, ¿a quién ofrecemos todo esto? Ay, al extraño, que nos ha malentendido, ay, a aquel otro, que nunca hemos encontrado, a aquellos siervos, que nos han maniatado, a los vientos de primavera, que se han desvanecido, ya la quietud, la perdedora.
Días y noches te he buscado Sin encontrar el sitio en donde cantas. Te he buscado por el tiempo arriba y por el río abajo. Te has perdido entre las lágrimas.
Noches y noches te he buscado Sin encontrar el sitio en donde lloras Porque yo sé que estás llorando. Me basta con mirarme en un espejo Para saber que estás llorando y me has llorado.
Sólo tú salvas el llanto Y de mendigo oscuro Lo haces rey coronado por tu mano.
la historia de la melancolía nos incluye a todos. me retuerzo entre las sábanas sucias mientras fijo mi mirada en las paredes azules y nada. me he acostumbrado tanto a la melancolía que la saludo como a una vieja amiga. ahora tendré 15 minutos de aflicción por la pelirroja que se fue, se lo diré a los dioses. me siento realmente mal realmente triste entonces me levanto PURIFICADO aunque no haya resuelto nada (...) hay algo mal en mí además de la melancolía
Cierra los ojos y a oscuras piérdete bajo el follaje rojo de tus párpados. Húndete en esas espiralesdel sonido que zumba y cae y suena allí, remoto, hacia el sitio del tímpano, como una catarata ensordecida.
Hunde tu ser a oscuras, anégate la piel, y más, en tus entrañas; que te deslumbre y ciegue el hueso, lívida centella, y entre simas y golfos de tiniebla abra su azul penacho al fuego fatuo.
En esa sombra líquida del sueño moja tu desnudez; abandona tu forma, espuma que no sabe quien dejó en la orilla; piérdete en ti, infinita, en tu infinito ser, ser que se pierde en otro mar: olvídate y olvídame.
En ese olvido sin edad ni fondo, labios, besos, amor, todo renace: las estrellas son hijas de la noche.
Mundo en un beso El músico con baquetas de avellano cosidas en las mangas Apacigua a un enjambre de jóvenes monos-leones Que descendieron con gran estrépito de la cornisa Todo se vuelve opaco veo pasar la carroza de la noche Arrastrada por los ajolotes de zapatos azules Que penetra resplandeciente por la violencia que conduce a la tumba Pavimentada de párpados con sus pestañas La ley del talión utiliza un pueblo de estrellas Y tú te matizas para mí de un negro rocío Mientras los horribles bornes mentales Se hienden en el sentido de la longitud Dando paso a unos penachos Que miran al lago próximo Los barrotes del espectáculo están maravillosamente retorcidos Un largo huso de aire atestigua sólo la huida del hombre De madrugada entre la ilustre alfalfa La hora Sólo es lo que hacen sonar las piezas de oro de la bohemia En las aspas de coriaria Una amazona de pie sobre un caballo tordo anaranjado al galope Desde lejos los brazos están siempre en extensi6n lateral El rombo polvoriento del forro me recuerda La tienda decorada de bisontes azules Por los indios de la almohada Afuera el aire se prueba los guantes de muérdago Sobre un mostrador de agua pura Mundo en un beso limpio Para mí las escamas Las escamas de la gran tortuga celeste con vientre de hidrófilo Que se debate cada noche en el amor Con la gran tortuga negra la gigantesca escolopendra de raíces
Entraste. En serio miraste. La estatura, el bramido sencillamente examinaste, -un chiquillo. Tomaste, sacaste el corazón, y sencillamente te fuiste con él a jugar, como una niña juega con su pelota. Y todas, como si vieran milagros exclamaron -damas y señoritas: -¿A ese, amarlo? Si se echa encima, hace falta una domadora. ¡Debe ser de una jaula! " Y yo, de júbilo -perdí el yugo. y de alegría, olvidándome de mí mismo saltaba, -como en casamiento de indio-, tan alegre, y bien me sentía.
Me voy con la rabia del engañado Me voy con la pena del perdedor Me voy corriendo escapando de algo Me voy caminando lentamente Pensando que podría en algún momento Volver a el comienzo .
Algunas veces de reojo veo el pasado Y algunas veces creo ver el futuro Para ver solo lo que imagino ver Y creer aun en las mentiras del ayer
Mi corazón me recuerda que he de llorar por el tiempo que se ha ido, por el que se va. Agua del tiempo que corre, muerte abajo,tumba abajo, no volverá. Me muero todos los días sin darme cuenta, y está mi cuerpo girando en la palma de la muerte como un trompo de verdad. Hilo de mi sangre, ¿quién te enrollará? Agua soy que tiene cuerpo, la tierra la beberá. Fuego soy, aire compacto, no he de durar . El viento sobre la tierra tumba muertos, sobre el mar, los siembra en hoyos de arena, les echa cal. Yo soy el tiempo que pasa, es mi muerte la que vaen los relojes andando hacia atrás.
1. De noche junto al río en el oscuro corazón de los arbustos a veces vuelvo a ver su rostro, el de la mujer que amé: mi mujer, que murió.
2. Hace ya muchos años, y a ratos ya no sé nada de ella, la que antes lo fue todo, pero todo se marchita.
3. Y ella era en mí como un pequeño enebro en las estepas de Mongolia, cóncavas, con el cielo amarillo pálido y de gran tristeza.
4. Vivíamos en una cabaña negra junto al río, Los mosquitos solían perforar su blanco cuerpo, y yo leía el periódico siete veces o decía: tu pelo tiene un color sucio. O: no tienes corazón.
5. Pero un día, cuando estaba yo lavando mi camisa en la cabaña, ella se acercó a la puerta y me miró y quería salir.
6. Y quien le había pegado hasta cansarse, dijo: ángel mío.
7. Y quien le había dicho te quiero la condujo fuera y riendo miró al aire y alabó el buen tiempo y le dio la mano.
8. Como ya estaban afuera, al aire libre, y la cabaña estaba desierta, cerró la puerta y se sentó tras el periódico.
9. Desde entonces no la he vuelto a ver, y de ella sólo quedó el gritito que dio cuando por la mañana volvió a la puerta que ya estaba cerrada.
10. Ahora la cabaña se ha podrido y mi pecho está relleno de papel de periódico y por las noches tumbado junto al río en el oscuro corazón de los arbustos me acuerdo de ella.
11. El viento lleva olor a hierba en el pelo y el agua grita sin fin pidiendo calma a Dios, y en mi lengua tengo un sabor amargo.
Voy pisando cadáveres de amantes y viejas tumbas llenas de pasado, cubierto con cabello horripilante del gran sepulcro universal tragado. Acumulo mi yo exorbitante y mi ilusión de Dios ensangrentado, pues soy un espectáculo clamante y un macho-santo ya desorbitado. Mi amor te muerde como un perro de oro, pero te exhibe en sus ancas de oro. Wínétt, como una flor de extranjería. Porque sin ti no hubiera descubierto como una jarra de agua en el desierto la mina antigua de mi poesía.
Por ti, para que tú un día llegaras, ¿no respiraba yo a media noche el flujo que ascendía de las noches? Porque esperaba, con magnificencias casi inagotables, saciar tu rostro cuando reposó una vez contra el mío en infinita suposición. Silencioso se hizo espacio en mis rasgos; para responder a tu gran mirada se espejaba, se ahondaba mi sangre. ¡Qué expresión fue sembrada en mi interior para que, cuando crece tu sonrisa, proyecte sobre ti espacio cósmico! Pero tú no vienes, o vienes demasiado tarde. Precipitaros, ángeles, sobre este linar azul. ¡Segad, segad, oh ángeles!
18. Con estrépitos de músicas vengo, con cornetas y tambores. Mis marchas no suenan solo para los victoriosos, sino para los derrotados y los muertos también. Todos dicen: es glorioso ganar una batalla. Pues yo digo que es tan glorioso perderla. ¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan! Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos. ¡Hurra por los que cayeron, por los barcos que se hundieron el la mar, y por los que perecieron ahogados! ¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes vencidos! Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes mas grandes de la Historia.
¿Es tu voluntad que yo crezca y decline? Trueca mi paño de oro por la gris estameña y teje a tu antojo esa tela de angustia cuya hebra más brillante es día malgastado.
¿Es tu voluntad -Amor que tanto amo- que la Casa de mi Alma sea lugar atormentado donde deban morar, cual malvados amantes, la llama inextinguible y el gusano inmortal?
Si tal es tu voluntad la he de sobrellevar y venderé ambición en el mercado, y dejaré que el gris fracaso sea mi pelaje y que en mi corazón cave el dolor su tumba.
Tal vez sea mejor así -al menos no hice de mi corazón algo de piedra, ni privé a mi juventud de su pródigo festín, ni caminé donde lo Bello es ignorado.
¡No hay nada que decir! El silencio de una rosa en la noche da más testimonio de Dios que la teología, y tal vez tenga el secreto que la belleza de la palabra no puede nombrar.
Entonces me callo y te contemplo porque toda sabiduría es callada, y el éxtasis es superior al conocimiento. Y a lo mejor es verdad que la vida no es sino un cuento narrado por un idiota, como dijo Shakespeare.
Dudo ahora que exista una belleza superior a verte ahí, como una tentación, con los ojos cerrados, olvidando el mundo y olvidada de él, siendo yo el único ser y tu único testigo ante la vida y el tiempo.
Tu sueño te aleja de mí, pero yo te poseo más plenamente. No estás en mis brazos, pero tampoco estás en el tiempo, y es en ese rincón de la eternidad donde me reúno contigo, en una esencia tan total que nada puede separarnos: ni la pasión, ni los días, ni el recuerdo, ni el nocturno canto del búho, ni el horrible despertador de las 5 de la mañana.
Aunque quise despertarte para sentir la voluptuosidad de tus besos, de tus uñas que me confunden con una guitarra, ese placer insólito de ver animarse por el ardor de tu cuerpo toda mi materia espiritual adormecida por el razonamiento, elegí tu respiración inocente que te unía más a mí que las palabras, tus viles palabras que nos hablan del paso a la vida, y de que todo tiene un comienzo y un fin.
Entonces te abandoné para que al menos en tu corto sueño nunca te separes de mí, y así poder disfrutar por un momento esa imagen imposible y anhelada del amor eterno. Te miro y me lleno de piedad porque vas a morir, y no soy Dios para impedirlo. Enciendo un cigarrillo y medito si hay justificación de vivir. Estás viva, es la única razón, y si mi amor tiene una esencia se reduce al deseo de hacerte inmortal , y a la desesperación de este deseo.
¡Qué silencio tan puro!
Te quiero recordar, mientras duermes, que no olvides este mundo. Mas allá de tu sueño está la noche con sus pilas de estrellas, algunos grillos que cantan y el canto turbador del búho. A veces me gusta imaginar este búho como un espíritu santo que baja del cielo a no dejar hundir el universo en las tinieblas, y a sostener con su canto la presencia infinita de la vida, mientras los hombres duermen, olvidan o se cansan de vivir.
Nada más que la noche, amor mío, y yo en ella, infinitamente grande para mí, tan espléndida para bendecirla o cantar yo solo su fastuosa belleza, el viento encima y la tierra debajo y la oscuridad en todas partes. La relativa luz de las estrellas agregando otro enigma a su insondable misterio, los soles negros y el canto de la rana en la piedra del lago con sus ojazos desmesuradamente abiertos al terror.
De pronto tengo la sensación angustiosa de que estoy perdido entre estas presencias fantásticas, los vastos territorios del cielo, el negro silencio nocturno, la rara melodía del grillo, el ganso en su aullido, el solemne reposo de todo lo viviente… Y miedo de mi vida algo fugitiva entre estas cosas menos importantes que yo, pero más imperecederas.
Entonces todo me parece absurdo, efímero, acosado por la muerte, y corro a despertarme para gozar en ti el minuto de vida que me queda, sentir el roce de tu piel, bañarte con el sudor del verano, sofocar el silencio y la quietud, y decirte que toda la ilusión de mañana es este instante en tus brazos a la orilla de la dicha.
Si ahora desaparecieras todo quedaría vacío. Con tu sueño las cosas de nuestro alrededor se han sumido en la indiferencia, pero no han muerto . Solamente se callaron para no despertarte. Yo también temo deslizar esta pluma sobre el papel para escribir que te amo. Pero, ¿qué necesidad de decirlo si toda la alegría y la paz del mundo me vienen de tu sueño? Y como todo lo has olvidado, también a mí que muero en tu sueño, me dejas en la más pura libertad de amarte, con una libertad tan absoluta y sin peligro que no pueden distraer tu pensamiento, ni los deleites animales, ni el pito del tren, ni el brillo de la luna, ni el dolor del mundo, ni mucho menos el poderoso y ardiente amor que te crucificó en la adolescencia.
Te quiero así, en esta soledad de los dos, unidos por el deseo y el miedo, presos en esta dulce sensación de eternidad, en la que sueñas y olvidas, y apenas te queda memoria para lo que no debe morir.
Y prefiero tu olvido absoluto porque el recuerdo quiere decir que permites al tiempo abrir tumbas en nuestro amor.
Quédate donde estás, en el puro equilibrio de la noche y el día, en la nada de tu sueño feliz que es la otra cara del cielo, ese cielo invisible a todos, menos a mí. Ese cielo, en fin, ombligo o taberna para la embriaguez de los dioses que fueron condenados a la desesperación, cruz de tu carne donde me purifico, me santifico, me emborracho de amor para alcanzar el exilio de la pobre mente humana, y donde al perderme me salvo por una rara sensación de locura divina.
No tengo otro argumento para despertarte, amor mío, y no sé si debo separarte de esta nueva dimensión de tu amor en que eres mía más allá de la muerte.
tus sueños en el suelo mil pedazos de ellos todo es tan fragil castillo de ilusiones un golpe tras otro mirando desde el suelo en silencio preguntandote ¿cuantas veces mas debes caer? ¿cuantas veces mas debes caer? ¿cuantas veces mas debes caer? no quedo nada en tus manos ¿a donde aferrarte? ¿a donde mirar? ¿por donde comenzar? mataste la esperanza te levantaste ahora caminas sin ver hacia adelante con paso firme, hacia donde tengas que llegar